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Chechenia

Autor del artículo: María Sol Peirotti


…Pero hubo una nación que no cayó en la psicología de la sumisión en absoluto, no individuos, ni partidas de rebeldes, sino una nación entera –los chechenos. Las autoridades que ya habían señoreado ese país durante treinta años no pudieron obligarles a respetar sus leyes.”
A. Solzhenitzyn: ‘El Archipiélago Gulag’


La primera guerra ruso – chechena (1994- 1996)


Chechenia sólo dispone de una frontera con un Estado ajeno a la Federación Rusa, la de Georgia. Con capital en Grozni, hasta 1992 se vio integrada en la República de Chechenia – Ingushetia. El pueblo checheno ha sido el único en enfrentar reiteradamente a Rusia, desde la resistencia de Mansur Ushurma entre 1785 y 1791 hasta el Imán Shamil, quien entre 1834 y 1859 dirigió una yihad contra los rusos. Es el único pueblo caucásico que desde hace siglos pide separarse de la Federación Rusa. La organización social chechena se asienta en alrededor de 200 teipi o clanes, que tienen una base geográfica. Es interesante remarcar que a lo largo de la historia ha habido en esta República un escaso entrecruzamiento étnico.

La mayoría de los habitantes son musulmanes sunníes y su religión lentamente comenzó a configurar un elemento de identificación cultural. El checheno y el ingushetio son dos dialectos de una lengua caucasiana de nombre NAJ, que incorpora préstamos del árabe, el persa, el turco el georgiano y el ruso.

La separación de Ingushetia recibió el visto bueno del Soviet Supremo de la Federación Rusa en junio de 1992, en lo que parecía un reconocimiento, bien que indirecto, de la nueva realidad chechena (cuyo Parlamento había declarado la independencia en 1991).

Chechenia / Ichkeria (el nombre dado a la República por los rebeldes) vivió inmersa en una permanente crisis política, cuyo signo más claro fue una confrontación entre el presidente, Djokhar Dudayev, y el parlamento. Esta República se marginó de todos los pactos internos suscriptos en la Federación Rusa negándose a firmar el Tratado de la Federación propuesto por Yeltsin en marzo de 1992. En 1994, aunque la Federación Rusa no había reconocido de iure a la Chechenia de Dudayev, Rusia no había actuado militarmente, se había retirado del terreno en 1992 y la Duma apenas había prestado atención a la secesión chechena. Tras el fracaso de una improvisada toma de Grozni en el otoño de 1994, se rechazaba la resolución por la fuerza del contencioso checheno. Muchos parecían estimar que el bloqueo económico sería suficiente para acabar con Dudayev. Pese a ello, y de manera un tanto inesperada, en diciembre de 1994 el ejército ruso, con un total de 40.000 soldados, entró en Chechenia con el visible propósito de poner fin al proceso secesionista en una guerra que se extendería hasta 1996.

La intervención militar en Chechenia había resultado desastrosa y además de las numerosas bajas tanto de soldados rusos como de rebeldes chechenos, produjo en la población rusa una sensación de grave humillación, ya que el poderoso ejército ruso estaba a merced de unos pocos rebeldes, cuyo conocimiento del terreno lo ponía en una situación desventajosa. Por otro lado, la causa chechena gozaba de cierta compasión por parte de los medios de comunicación y la opinión pública apoyaba la autodeterminación, para desprenderse, con innegable desprecio y xenofobia, de un territorio cuyos habitantes habían sido sistemáticamente satanizados. Un elemento central en la propaganda gubernamental (la identificación de chechenos, mafias y terrorismo) produjo un efecto contrario del deseado: si la identificación reseñada era veraz, mejor que los chechenos tuviesen un Estado propio y no se moviesen a sus anchas. Las madres de los soldados rusos reclamaban en las calles de Moscú el fin del operativo militar y las Repúblicas vecinas del Cáucaso se solidarizaban con “Ichkeria”.

Todo desembocó en la firma del Acuerdo de Khasaviurt en mayo de 1996, por parte de Boris Yeltsin y Zelimjan Yandarbiev. El Acuerdo implicaba un alto el fuego, la retirada de los contingentes militares rusos, el progresivo desarme de la guerrilla y el despliegue de un procedimiento de autodeterminación de perfil no especificado. Las relaciones entre Rusia y Chechenia pasaron a ser de Derecho Internacional, de la mano ahora de un nuevo dirigente, Aslan Maskhadov, quien fue electo democráticamente en un proceso supervisado por la OSCE en 1997. En tales elecciones, quien resultó vencido fue Shamil Basayev, líder del incipiente movimiento islámico radicalizado. En un intento por moderar esta facción rebelde, Maskhadov designó a Basayev como vicepresidente. Sin embargo, Maskhadov nunca pudo controlar las acciones de esta guerrilla radicalizada, que se manifestaba diariamente a través de secuestros, tráfico de armas y múltiples atentados, cuyo efecto inmediato fue desacreditar a Maskhadov y poner en evidencia quién detentaba el poder real.

Preludio de la segunda guerra ruso- chechena


El escenario checheno cambió en agosto de 1999, cuando una guerrilla wahabí se desplegó en las regiones de Botlikh y Novolaksky de la vecina República de Daguestán, bajo la dirección de Shamil Basayev y el veterano mujahidín Khattab, sin gozar de ningún respaldo en la población local. El propósito de este operativo era el de establecer una República Islámica en el norte del Cáucaso.

Además del operativo en Daguestán, se produjeron tres atentados con bombas en edificios en las ciudades de Moscú, Buinaksk (Daguestán) y Volgodonsk (en la región de Rostov na Donu). Estos atentados se cobraron más de 300 muertos (246 Moscú, 64 Buinaksk y 17 Volgodonsk). Aparecieron dudas con respecto a la autoría de esos hechos. Mientras que el Kremlin los atribuyó a resistentes islámicos, Basayev y Salman Raduyev negaron cualquier responsabilidad, por lo que algunos analistas los atribuyeron a los servicios de seguridad rusos, deseosos de facilitar en la opinión pública un cambio propicio y el apoyo a un despliegue de acciones militares. El efecto principal de los atentados fue, de hecho, un cambio en la opinión pública, logrando un respaldo a cualquier decisión que Vladimir Putin tomara en cuanto a la cuestión chechena. Asimismo, fue manifiesto que Maskhadov no controlaba para nada lo que sucedía en territorio checheno, lo que provocó que ya no fuera reconocido como el representante de la República en la mesa de negociaciones.

El gobierno ruso aprovechó la ocasión para señalar estas incursiones como rastros del accionar del “terrorismo internacional”, inspirado por Osama bin Laden. Esta maniobra política parecía apuntar a ganar la aprobación de EEUU, además de la del público ruso, ya que se avecinaban las elecciones legislativas.

Evolución de la segunda intervención rusa en Chechenia

Bajo el lema “Ganaremos esta vez”, el entonces Primer Ministro Vladimir Putin aseguraba que las fuerzas rusas destruirían las formaciones rebeldes chechenas “estén donde estén”. La nueva incursión rusa en Chechenia apuntaba a aumentar la popularidad de Putin obteniendo una victoria rápida y definitiva.

El ejército ruso regresó a Chechenia el 1 de octubre de 1999, con la intención de crear una zona de seguridad o “cordón sanitario” para contener el avance del terrorismo y liberar a Chechenia de este flagelo. Uno de los mecanismos para lograr este cometido es el de los operativos de “limpieza”, que básicamente consisten en registrar a toda la población masculina en busca de sospechosos. A pesar de algunos triunfos en el terreno (que llevarían al partido oficialista Rusia Unida a ganar las elecciones legislativas del 19 de diciembre de 1999) como lo que poco a poco fue haciéndose evidente fue que, alcanzar una victoria rápida en Chechenia sería imposible.

Una guerra que estaba pensada para pocos meses acabó convirtiéndose en una guerra de años, en la cual los escasos 2.000 rebeldes nuevamente ofrecieron una resistencia casi imposible de vencer, aún para los 80.000 soldados rusos desplegados en el territorio.

A nivel político, Vladimir Putin anunció el 12 de mayo de 2000 que establecería un sistema presidencialista directo en Chechenia, durante un período interino de entre 18 meses y 2 años, ya que sería imposible hablar de elecciones democráticas hasta haber restaurado el orden en el terreno. Con respecto a las características de este sistema presidencialista directo, era preciso encontrar un líder que respondiera a las órdenes de Moscú y que al mismo tiempo gozara de cierta credibilidad en Chechenia. Quien respondía al perfil buscado era el muftí Akhmed Kadyrov, un checheno moderado que en la primera guerra había combatido junto a Maskhadov y que ahora se dedicaba a hacer campaña contra los radicales wahabíes. Aslan Maskhadov respondió con fuertes declaraciones ante esta decisión de Moscú, a la vez que amenazó de muerte al nuevo líder.

Akhmed Kadyrov pertenecía al clan mayoritario benoi y gozaba del respeto de todos los líderes espirituales musulmanes de Rusia. Al asumir el mando de Chechenia, esbozó cuatro ingredientes que serían esenciales para la paz: Moscú debería negociar con los rebeldes que mostrasen voluntad de terminar con la lucha; Basayev y Khattab deberían ser encarcelados o “eliminados”; se debería mejorar la calidad de vida de los ciudadanos chechenos, combatiendo el desempleo y permitiendo el retorno de los refugiados; y el wahabismo debería ser eliminado.

Luego de un año del comienzo de la guerra, las tácticas de los rebeldes chechenos comenzaron a mutar, transformando las inmolaciones, asesinatos políticos y atentados contra objetivos civiles en algo cotidiano, no sólo en Chechenia sino en todo el territorio de la Federación Rusa. En un comienzo, la violencia y el extremismo en los ataques eran la causa principal que distinguían a Basayev de Maskhadov (quien se autodefinía como moderado). Sin embargo, con el correr de los meses de la segunda guerra, la línea divisoria entre ambos personajes fue haciéndose cada vez más delgada.

En enero de 2001 y en lo que se asimiló a un anuncio de que la guerra terminaba para Moscú, las autoridades rusas transfirieron la dirección de la operación antiterrorista al FSB, al tiempo que se iniciaba una retirada de efectivos que debía dejar la cifra final de éstos en 22.000 soldados. Los cerca de 400 rebeldes restantes no estaban en condiciones de controlar una gran porción de territorio, aunque tampoco lo estaba el ejército ruso, incapaz de garantizar el desarrollo de la vida local y de obtener el apoyo de la población.

Gradualmente, Putin comenzó a reducir la influencia de los “halcones” en cuanto a la cuestión chechena, intentando devolver distintas responsabilidades al gobierno checheno, dada la confianza que poseía en Kadyrov. En mayo de 2002, Putin procedió a impulsar el retorno de todos los refugiados chechenos presentes en Ingushetia.

El 23 de marzo de 2003 se realizó un polémico referéndum constitucional mediante el cual se aprobó (no sin varias acusaciones de fraude, dado que pudieron intervenir como votantes las tropas rusas) la nueva Constitución para Chechenia. La misma, además de asumir a la República como parte “integrante e inseparable” de la Federación Rusa, coloca en manos del centro federal más atribuciones que las demás repúblicas de la Federación, deroga la ciudadanía chechena, declara el ruso como lengua oficial, otorga al presidente ruso la posibilidad de destituir a su homólogo checheno (y al parlamento ruso la de hacer lo propio con el legislativo checheno) y cancela el derecho a profesar y difundir las convicciones religiosas propias, en lo que se definiría como un Estado secular.

El 5 de octubre de 2003, Akhmed Kadirov fue electo presidente con una amplia mayoría de votos. Con el acuerdo de Putin, emprendió un proceso que se dio en llamar “Chechenización”, que abarcaba la lucha contra los rebeldes secesionistas a través de paramilitares (los “kadyrovtsy”) que respondían a las órdenes de su hijo Ramzan, y la progresiva reducción de la influencia del ejército ruso a través de la creación de estructuras políticas autónomas. A pesar de su éxito, no pudo concluir su mandato dado que se transformó en una víctima más del conflicto, el 9 de mayo de 2004, cuando fue asesinado tras un bombardeo en el Estadio Dinamo de Grozni, en ocasión del festejo del día de la Victoria.

Al día siguiente del magnicidio, Ramzan Kadyrov fue recibido en el Kremlin por Vladimir Putin, quien lo designó como Vice - Primer Ministro de Chechenia. Dado que sólo tenía 27 años, era imposible que pudiera convertirse en el próximo Presidente, dado que la Constitución chechena estipula el límite de edad en 30 años. Es por ello que el candidato pro ruso que triunfaría en las siguientes elecciones del 29 de agosto de 2004 sería Alu Alkhanov. Sin embargo, es innegable que el poder real es detentado en la actualidad por Kadyrov (quien continúa a cargo de los sanguinarios “kadyrovtsy).

El 1 de febrero de 2005, Aslan Maskhadov declaró un cese del fuego por parte de los rebeldes bajo su mando. No obstante, estas declaraciones tendrían un efímero efecto, ya que el 8 de marzo del mismo año los servicios de inteligencia rusos anunciaron que habían matado a Aslan Maskhadov. Este hecho marcó un punto de inflexión para el movimiento rebelde, ya que su nuevo y único director sería Shamil Basayev. Quien había sido designado sucesor de Maskhadov como presidente de la resistencia era Abdul-Khalim Sadullayev, quien decidió unir fuerzas junto a Basayev en la creación de un “Frente del Cáucaso”, que se extendería a todo el norte del Cáucaso, ya que, según los rebeldes “Chechenia no logrará su independencia si no la logran también el resto de las repúblicas del norte del Cáucaso”.

Corre el año 2006 y la “victoria rápida y definitiva” prometida alguna vez nunca se ha materializado, convirtiéndose en un conflicto endémico cuya erradicación es imposible si sólo se recurren a tácticas militares y se elude un verdadero compromiso político.

El rol de Occidente en la segunda guerra ruso-chechena


En enero de 2000, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE) le quitó a Rusia su derecho de voto hasta que terminase con su operativo en Chechenia o hasta que accediera a negociar con Maskhadov. Fue llamativo que, durante las deliberaciones se encontraba presente un representante checheno que, ante toda la audiencia europea amenazó de muerte al representante ruso Gadzhi Makhachev.

A pesar de que ninguna de las condiciones europeas fueron cumplidas, la PACE le devolvió el voto a Rusia, una vez que Moscú designó un enviado especial del presidente para garantizar el vigor de los derechos humanos en Chechenia. Es bastante evidente que para Europa es preferible mantener una relación cordial con Rusia (que le proporciona un 16% del petróleo y un 40% del gas natural que consume). Hasta el momento, la Corte Europea de Derechos Humanos de Estrasburgo ha aceptado un total de 150 demandas, de las cuales seis han llegado a una sentencia favorable para los chechenos. Como resarcimiento se ha obligado al Estado ruso a pagarle 135.000 euros a cada una de las víctimas.

El petróleo checheno

Se calcula que las reservas de petróleo en Chechenia eran cercanas a los 30 millones de toneladas, localizadas en tres campos de extracción: Malgobek – Voznesen, Jayankort y Starogroznensk. A pesar de ello, el factor energético ha perdido mucha relevancia, ya que la cantidad de petróleo en términos relativos no es significativa y en la actualidad existen rutas alternativas para transportar el crudo del mar Caspio. No obstante, los complejos de refinamiento del crudo aún conservan su importancia.

Algunos autores sostienen que la verdadera causa del Acuerdo de Khasaviurt está relacionada con el oleoducto Bakú-Novorossiisk y un arreglo para una utilización compartida del mismo. El oleoducto atraviesa el territorio checheno, por lo que Rusia y Chechenia compartirían la recaudación del mismo. Sin embargo, en 1999, el arreglo se quebró, por la desconfianza de los rusos. Por otro lado, tanto los militares rusos como la policía chechena están recaudando enormes sumas de dinero provenientes del comercio ilegal de petróleo.

Autor del artículo: María Sol Peirotti

 
 
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