Autor del artículo: María Sol PeirottiLa Política de Vladimir
Putin con respecto a Georgia
Para investigar acerca de la Política Exterior
de Putin con respecto a Georgia tomaremos como
metodología el análisis de los hechos desde
fines del año 1999 (fecha en que asume Putin).
Agrupados temáticamente, el resultado es que la
relación entre Rusia y Georgia durante los dos
períodos presidenciales de Putin ha versado
sobre los siguientes temas:
La cuestión chechena en el Cañón de Pankisi y
el terrorismo
La frontera ruso-georgiana
coincide con la de Chechenia en 81 montañosos
kilometros. Dada la naturaleza del terreno, hay
pocos pasos fronterizos y en el invierno, luego
de las fuertes nevadas es imposible cruzar. La
contienda entre Rusia y Georgia acerca del
Cañón de Pankisi comienza a adquirir relevancia
desde mediados de 1999. Hacia octubre de ese
año, Putin acusó a Georgia de proveerle armas a
la resistencia chechena a través de esta zona
limítrofe y, a su vez, de albergar a numerosos
terroristas chechenos (boeviks) bajo la carátula
de refugiados. Asimismo, Tbilisi
respondía a estas acusaciones alegando que la
Fuerza Aérea de la Federación Rusa bombardeó
accidentalmente el pueblo georgiano
de Omalo y violó su espacio aéreo no menos de
10 veces entre el 9 de agosto y el 18 de
noviembre.
Según datos de la Guardia
Nacional Fronteriza de Georgia habían cruzado la
frontera más de 3.192 chechenos entre el 15 de
septiembre y el 10 de noviembre, los cuales eran
mujeres, ancianos y niños en su mayoría. Sin
embargo, las autoridades rusas afirmaban que los
puestos de control eran fácilmente vulnerables,
lo que permitía el tráfico de armas o drogas. A
causa de esta inacción, Georgia fue
acusada de no colaborar con Rusia en la lucha
contra el terrorismo internacional. A su vez, el
entonces presidente de Georgia Eduard Shevarnadze
respondió a estas acusaciones diciendo que se
trataba de una campaña para desprestigiar al
país y le negó el permiso al ejército ruso
para entrar a Chechenia a través de Georgia.
En el inicio de la etapa de
adaptación las relaciones entre los
chechenos y la población local eran muy buenas,
dado que estos pertenecen a la etnia kist,
parientes cercanos de los chechenos. Hacia el
año 2000, la opinión pública georgiana, que
solía ser ampliamente favorable hacia los
refugiados chechenos en la región de Pankisi,
comenzó a cambiar gradualmente. Dados los
aumentos en los índices de criminalidad, las
fuerzas de seguridad locales iniciaron una etapa
de exhaustivos controles y hostigamiento hacia
los refugiados. En el vocabulario tanto de la
prensa georgiana como de los políticos,
comenzaba a reemplazarse el vocablo
refugiados por el de
rebeldes.
A comienzos del año 2001, se
hacía cada vez más evidente que Pankisi se
estaba convirtiendo en tierra de
nadie, o como Putin solía llamarla, una
Ichkeria georgiana. El número de
chechenos en Georgia ya ascendía a los 7.000
desde la segunda intervención rusa en Chechenia.
La campaña rusa era cada vez más agresiva,
acusando a Georgia de albergar bases de
entrenamiento de terroristas chechenos.
Tras los sucesos del 11 de
septiembre en EEUU, Putin denunció a Shevarnadze
por mantener un doble discurso con respecto al
terrorismo internacional. Fue entonces cuando el
Parlamento de Georgia emitió una declaración,
admitiendo por primera vez que el país podría
estar siendo utilizado por rebeldes chechenos
como base de operaciones. Temiendo una
intervención rusa, Tbilisi desarrolló un
operativo para expulsar a los rebeldes chechenos
de la región de Pankisi. El Ministerio del
Interior trasladó en el mes de octubre a varios
cientos de supuestos rebeldes al territorio
abkhazio, donde estaban localizadas las tropas
rusas. Este gesto podría verse como
lavarse las manos y dejar que los
rusos se ocupen del destino de estas personas.
Algunos analistas, en cambio, afirman que Georgia
estaba entre la espada y la pared,
con Rusia amenazando con atacar posiciones en
territorio georgiano, y los rebeldes generando
inestabilidad. Como Shevarnadze no deseaba
emprender una acción militar contra los
chechenos, la única opción real era
dejarlos escapar.
El Ministro de Defensa ruso,
Sergei Ivanov anunció que enviaría tropas
militares a la frontera con Abkhazia para
asegurar que los chechenos no crucen. Los
chechenos fueron ubicados dentro de Abkhazia, en
el valle de Kodori y fue allí donde se produjo
el mayor foco de inestabilidad. Los abkhazios no
tardaron en culpar a los chechenos del derribo de
un helicóptero de Naciones Unidas, cuyo saldo
fue de 9 personas muertas.
En resumen, es importante destacar
cómo Putin fue capaz de cambiar la imagen de la
situación de la región de Pankisi, ya que en
sus orígenes podía verse como un producto de la
operación de Rusia en Chechenia y estos
refugiados eran simplemente víctimas de una
contienda militar. Sin embargo, con el correr del
tiempo la presencia de estas personas en Georgia
se convirtió en un foco de inestabilidad, y el
mundo entero podía presumir que era preciso
combatir a estos terroristas, siendo
necesario que Rusia interviniera a tales fines.
Hacia el año 2002 hacía su
aparición un tercer actor que tendría un peso
fundamental en la relación entre Rusia y
Georgia. Se trata de EEUU, desde el momento en
que decidió enviar su asistencia militar a
Georgia. El 11 de febrero el encargado de
negocios en Tbilisi, Philip Remler, manifestó en
el periódico georgiano Akhali Versia que
"una decena" de mercenarios ligados a
Al Qaeda, junto con el famoso guerrero Khattab
estaban refugiados en el Pankisi. El 27 de
febrero de 2002 el Ministro de Seguridad de
Georgia anunció que EEUU había dotado al país
de 10 helicópteros de combate. Las repercusiones
en Rusia no fueron positivas, incluso el Ministro
de Asuntos Exteriores Igor Ivanov afirmó que un
despliegue norteamericano en Georgia
"podría agravar aún más la situación en
la región".Shevarnadze intentó suavizar
ambas posiciones, admitiendo la posible
existencia de militantes islámicos, pero negando
rotunamente el vínculo con Al Qaeda.
Durante el año 2003 se produjo en
Georgia la Revolución de las Rosas,
en la cual el pueblo pacíficamente salió a
protestar en contra de una presuntamente
fraudulenta reelección de Shevarnadze, lo cual
resultó en un nuevo proceso electoral donde fue
electo Mikhail Saakashvili. Con un perfil
altamente pro occidental, el nuevo presidente no
produjo grandes cambios en la situación de los
chechenos del Pankisi. Inclusive permitió el
regreso (dudosamente voluntario) de los pocos
chechenos restantes a Rusia durante los años
2004 y 2005, a pesar de las recomendaciones en
contrario emitidas por el Alto Comisionado de
Naciones Unidas para los Refugiados con sede en
Akhmeta, Georgia.
La cuestión de las visas
Otra cuestión que ha erosionado la relación
entre Georgia y Rusia durante la administración
de Vladimir Putin ha sido la constante pugna en
el establecimiento de un régimen de visas entre
ambos países. El 5 de diciembre de 1999, Rusia
anunció que, con motivo de controlar el
movimiento de los militantes chechenos en la
frontera, impondría un requisito de visado con
Georgia y Azerbaiján. Se les concedería a los
rusos y georgianos viviendo en ambos lados de la
frontera un período de gracia de 3 meses, para
obtener sus visas.
La introducción de esta regulación era
susceptible de provocar en Georgia graves daños
económicos, ya que casi 500.000 georgianos
trabajan en Rusia, enviando unas remesas
estimadas en 1,5 billones de dólares anuales.
Era una clara sanción por parte de Rusia hacia
el gobierno de Tbilisi, que se negaba a cooperar
en la cuestión del Pankisi y además comenzaba a
negociar con la OTAN los requisitos de su
eventual ingreso a la organización.
Vladimir Putin ya había amenazado con el cierre
de la frontera con Georgia en noviembre de 1999,
poco después del lanzamiento de la segunda
ofensiva en Chechenia. Luego de los anuncios
oficiales de las visas, el vocero del Kremlin
para asuntos chechenos, Sergei Yastrzhembsky,
señaló que había sido una difícil
decisión para Rusia, ya que Georgia había
sido su aliada por más de cien años. Añadió,
además, que Abkhazia y Ossetia del Sur podrían
estar exceptuadas de la aplicación del nuevo
régimen, en señal de clara provocación hacia
el país vecino.
Por su parte, Shevarnadze anunció que podría
tomar una medida similar, que también sería
perjudicial para Rusia, en este caso, dado que el
requisito de las visas de extendería a las
tropas rusas presentes en el territorio
georgiano. Además expresó la indignación hacia
la excepción del requisito de visado para con
Ossetia del Sur y Abkhazia, sosteniendo que esta
era una prueba de las intenciones rusas de
anexionar ambos territorios.
En esta cuestión de las visas, parecía que, por
un lado, Shevarnadze hacía todo lo posible por
empeorar las relaciones con Rusia, y por el otro,
Putin, dejaba de lado cualquier sutileza a la
hora de tratar con esta República
díscola.
Hasta el día de hoy el problema de las visas
sigue enfrentando a ambos países. El 25 de
febrero, el Ministerio de Defensa de Georgia
anunció que detendría a soldados rusos en
Abkhazia y Ossetia del Sur que no tengan visa.
Por su parte, el 21 de marzo del año 2006, la
embajada rusa en Georgia reanudó el otorgamiento
de visas luego de haberlo suspendido durante un
mes.
La presencia de tropas rusas en territorio
georgiano
El 12 de marzo de 1995, el
entonces Ministro de Defensa ruso, Pavel Grachev,
y su contraparte georgiano, Vardiko Nadibaidze
firmaron un acuerdo acerca de la localización de
las bases rusas en Georgia. Según este doumento,
se establecerían cuatro bases: Vasiani (a sólo
15 kilómetros de Tblisi), Gudauta (en Abkhazia),
Batumi (en Adjaria) y Akhalkalaki (en la zona
predominantemente poblada por armenios al sur de
Georgia). El Tratado le otorgaba a Rusia el
control de las bases por 25 años. Rusia
mantenía sus tropas de mantenimiento de paz
desplegadas en el territorio de Georgia,
establecidas luego de las guerras con las
provincias separatistas de Abkhazia y Ossetia del
Sur.
El número total de militares rusos en Georgia
ascendía a 4.947. Con ellos, había 141 tanques,
437 vehículos armados, 155 piezas de artillería
y 10 helicópteros.
El Tratado CFE (Conventional Armed
Forces in Europe) fue firmado en 1999 en la
ciudad de Estambul bajo los auspicios de la OSCE
y es el que regula las condiciones para la
completa retirada de Rusia de Moldavia y Georgia.
De acuerdo con este Tratado, las bases de Vaziani
y Gudauta debían ser desmanteladas para el 31 de
diciembre del año 2000. Con respecto a las bases
de Akhalkalaki y Batumi, éstas serían objeto de
negociación en el año 2001. El proceso de
retirada gozaría de la financiación de EEUU
(contribuyó con 10 millones de dólares) y Reino
Unido (que aportó 150.000 dólares).
La retirada de Vaziani y Gudauta
no cumplimentó los plazos previstos,
concretándose recién hacia el verano del año
2001. Con respecto a las bases restantes, las
negociaciones se hacían cada vez más
difíciles, ya que Putin pretendía mantenerlas
por otros 14 años (hasta el año 2015), en
contra de la propuesta de Georgia de que
permanezcan por sólo 3 años más. Por su parte,
Abkhazia se opuso desde siempre a la retirada de
tropas rusas. El Presidente Vladislav Ardzinba
mencionaba en sus discursos que esta presencia
era una garantía para la seguridad del pueblo
abkhazio y que se oponía a que se establecieran
tropas de la OTAN en su territorio. Las tropas
rusas en Abkhazia han sido establecidas por
mandato de la CEI en 1994, pero siempre fueron
cuestionadas por Tbilisi por apoyar al pueblo
abkhazio en su lucha separatista.
Los sucesos acaecidos a raíz de
la presencia de chechenos en la región de
Pankisi sirvieron como fundamento a las tropas
rusas para justificar su permanencia en Georgia.
El traslado de los chechenos a Kodori (Abkhazia)
por parte de las autoridades georgianas, tuvo
como resultado el despliegue de tropas rusas
(aquellas que permanecían en Abkhazia) en la
zona, el día 12 de abril de 2002, un día
después de que Georgia retirara sus propias
tropas. Esta crisis pudo resolverse tras una
serie de conversaciones telefónicas entre
Shevarnadze, Putin y el representante de Naciones
Unidas en Georgia, Dieter Boden. Sin embargo, las
negociaciones acerca de la retirada rusa de las
bases restantes quedaron suspendidas hasta el
año 2005, durante la presidencia de Saakashvili.
El 30 de mayo de 2005, tras años
de negociaciones infructuosas, Rusia y Georgia
llegaron a un acuerdo para el desmantelamiento de
las dos bases restantes, Akhalkalaki y Batumi.
Las mismas quedarán cerradas hacia fines del
año 2008. Rusia planea transferir parte del
equipamiento militar a la base armenia de Gyumri.
El Ministro de Defensa, Sergei Ivanov, anunció
que la relocalización no alterará el equilibrio
de fuerzas en el sur del Cáucaso. Algunas
especulaciones en cuanto a esta jugada rusa
sostienen que este movimiento de equipamiento
militar a Armenia se produce dado que, si
resurgen las hostilidades entre Armenia y
Azerbaiján, Georgia no le permitiría el paso a
Rusia (a través de su territorio) para enviar
ayuda a Armenia. En referencia a la verdadera
razón de la retirada de las bases rusas, hay
quienes señalan que ninguna de las mismas tenía
ya valor estratégico para Rusia. Sea como fuere,
este acuerdo ha sido visto como un triunfo para
el Presidente Mikhail Saakashvili, quien se
refirió a la situación como el final de una
presencia militar rusa en Georgia que data de 200
años.
Por otro lado, permanece aún el
desacuerdo acerca de las tropas de mantenimiento
de paz rusas en Ossetia del Sur. Las mismas nunca
fueron cuestionadas, porque forman parte de una
fuerza trilateral, compuesta por georgianos,
rusos provenientes de Ossetia del Norte y
ossetios del sur. Inclusive, los 500 rusos que
integran esta fuerza han sido galardonados en
julio de 2002 por lograr una década de paz. Esta
fuerza trilateral fue establecida en Ossetia del
Sur en 1992, en virtud del Tratado de Dagomys,
auspiciado por la OSCE.
A pesar de que la situación
difiere de la de las bases rusas en el resto de
Georgia, el Parlamento georgiano ha aprobado una
resolución el 15 de febrero del año 2006
pidiendo la retirada de las tropas rusas de
mantenimiento de paz en Ossetia del Sur. La
declaración parlamentaria comenta que
Rusia está llevando a cabo una guerra no
oficial contra Georgia con el pretexto de
proteger a sus ciudadanos en Ossetia del Sur y
Abkhazia (la mayoría de los habitantes de
estas repúblicas tienen pasaportes rusos). Si
las tropas no se retiran, Tbilisi los podría
declarar ocupantes militares y podrá echarlos
por la fuerza. Además, Georgia puede denunciar
el Tratado de Dagomys, ya que no fue ratificado
ni por Rusia ni por Georgia.
Rusia y el secesionismo en Abkhazia
Desde el fin de la URSS, Abkhazia se ha
convertido en un importante aliado de la
Federación Rusia. Este conflicto estalló el 14
de agosto de 1992, cuando la Guardia Nacional de
Georgia, comandada por Tengiz Kitovani, ocupó la
ciudad de Sukhum (Sukhumi para los georgianos)
para sofocar los reclamos abkhazios de una
República independiente de Georgia. Abkhazia
alega haber gozado de una efímera existencia
como Estado independiente entre 1925 y 1931, año
en que Stalin la disolvió unilateralmente y
subordinó su status como parte integrante de
Georgia, con la modalidad de República
autónoma.
Los combates duraron más de un
año, hasta septiembre de 1993, fecha en que las
fuerzas abkhazias pudieron controlar toda la
República, expulsando a la mayor parte de su
población étnicamente georgiana. El saldo de
esta contienda fue de alrededor de 8.000 personas
y 200.000 refugiados. Desde entonces, Tbilisi y
Sukhum mantienen una situación relativamente
estable, tras la firma de un acuerdo de cese del
fuego en 1994 bajo los auspicios de Rusia y de
Naciones Unidas. En el terrtorio abkhazio se
desplegó una misión de mantenimiento de paz de
Naciones Unidas (UNOMIG) cuyo mandato se limita a
la verificación del acuerdo de cese del fuego.
En su apoyo, la CEI decidió establecer una
fuerza de mantenimiento de paz (CISPKF) comandada
por la Federación Rusa.
Las principales cuestiones no
resueltas entre Georgia y Abkhazia son: el status
final de Abkhazia, el retorno de los refugiados
georgianos, y el futuro económico de esta nueva
República. Georgia, con el apoyo de Naciones
Unidas y del Grupo de Amigos del Secretario
General (compuesto por Rusia, Francia, Reino
Unido, Alemania y EEUU) propone brindarle una
amplia autonomía dentro del Estado georgiano,
con la fórmula de República Autónoma, que
preserve la integridad territorial. Abkhazia no
acepta estas condiciones y desea una
independencia plena, o en su caso (como un mal
menor) integrar la Federación Rusa como
República Autónoma. Hoy Abkhazia goza de una
independencia de facto incluyendo la posesión de
un ejécito propio y aduana.
La relación con Rusia desde el
comienzo de la administración de Putin, ha sido
altamente provocadora de tensiones con Tbilisi.
En primer lugar, Putin ha mantenido con Abkhazia
relaciones bilaterales, siendo esto prohibido por
una decisión del Consejo de Jefes de Estado de
la CEI del 19 de enero de 1996, donde se estipula
que cualquier contacto económico o político
entre Abkhazia y cualquiera de los países de la
CEI debe realizarse con el acuerdo de Georgia.
Contrariando esto, Rusia ha firmado con el
gobierno de Sukhum diversos Tratados económicos,
culturales y políticos (sin consulta previa a
Tbilisi).
Un hecho interesante en la
relación entre Moscú y Sukhum es la aprobación
de una ley por parte de la Duma (unánimemente)
el día 28 de junio del año 2001, que permite
que Estados no reconocidos internacionalmente
puedan unirse a la Federación como Repúblicas,
si ese es su deseo.
La crisis provocada por el traslado de chechenos
al Valle de Kodori en el año 2002, amenazó con
desestabilizar a Abkhazia. El entonces Primer
Ministro abkhazio, Anri Djergenia, acusó a
Tbilisi de desplegar tropas georgianas en la
zona. Shevarnadze refutó estas afirmaciones
diciendo que el único peronal militar georgiano
en Kodori eran los guardias de frontera. Otro
efecto colateral de la crisis fue un aumento en
el apoyo popular a la idea de que Abkhazia se
convirtiera en parte de Rusia, utilizando una
fórmula propuesta por el mismo Djergenia: la de
un Estado asociado a la Federación
Rusa, imitando la relación que mantiene
EEUU con las Islas Marshall. Esta idea naufragó
junto con otras propuestas, sin embargo, cada vez
que se producen tensiones entre Abkhazia y
Georgia, resurgen este tipo de proyectos de
unifiación con Rusia.
Uno de los puntos más álgidos en
la relación entre Tbilisi y Moscú fue la
decisión rusa de concederle la ciudadanía a
aquellos ciudadanos abkhazios que la solicitaran.
Desde el 1 de junio de 2002, una organización
llamada Congreso de las Comunidades rusas
de Abkhazia ha recolectado documentos
abkhazios de la era soviética y los ha enviado a
un departamento consular de la ciudad rusa de
Sochi. Una vez revisados, estos documentos han
sido devueltos a sus dueños con una nueva
página insertada en él, que certifica la
ciudadanía rusa. Al 25 de junio, aproximadamente
150.000 abkhazios ya habían adquirido su nueva
ciudadanía, sumándose a otros 50.000 que la
tenían desde antes. Juntos constituyen un 7% de
la población de Abkhazia que ya poseen la doble
ciudadanía. Esta República utiliza como moneda
al rublo ruso y depende casi enteramente de
Moscú a nivel económico, como exportador de
materias primas. Las razones que estimulaban a
los abkhazios a obtener la ciudadanía rusa
oscilaban entre el derecho a recibir una pensión
rusa (casi 50 veces mayor que una pensión
abkhazia) y la posibilidad de viajar fuera del
territorio abkhazio (dado que su nacionalidad no
está reconocida a nivel internacional).
En respuesta a este gesto, el
Ministerio de Relaciones Exteriores de Georgia
elaboró una declaración que insistía en que
los abkhazios eran ciudadanos de Georgia y se
refería a la maniobra rusa de otorgar pasaportes
como una campaña ilegal sin
precedentes.Anri Djergenia afirmó que
mientras más ciudadanos rusos vivan en Abkhazia,
mayor era la garantía de que Georgia no comience
una nueva campaña militar. Esto también nos
recuerda a los postulados de política exterior
de Rusia que se refieren a la defensa de los
derechos de sus ciudadanos estén donde estén,
incluso mediante el uso de la fuerza.
El último episodio de esta trama
conflictiva se remonta al año 2003, cuando Rusia
restableció las comunicaciones entre líneas
férreas que la unen con Abkhazia (el servicio
entre Sochi y Sukhum), interrumpidas desde hace
10 años. Esta reanudación del servicio fue
decidida sin el consentimiento de Tbilisi. Ante
el enojo de las autoridades georgianas, el
Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia
señaló que esta acción estaba orientada
simplemente a " la promoción de los
vínculos comerciales entre Rusia y
Abkhazia".
Con la asunción de Mikhail
Saakashvili al poder, comenzó una estrategia
más activa de Georgia para con Abkhazia.
Saakashvili, incluyó varias veces en sus
discursos las palabras integridad,
reconstrucción, y
unificación. A comienzos de 2004 han
tenido lugar numerosas reuniones bilaterales al
más alto nivel, que quedaron parcialmente
suspendidas por la crisis electoral en que se vio
sumida Abkhazia (la contienda entre los
candidatos Raul Khajimba y Sergei Bagapsh, que
fue resuelta finalmente el 12 de enero de 2005,
mediante un acuerdo que resumía la fórmula en
Bagapsh Presidente y Khajimba Vice Presidente).
Retomadas a mediados del 2005, las negociaciones
entre Georgia y Abkhazia incluyen la posibilidad
de reabrir las comunicaciones ferroviarias entre
ambos territorios.
La relación de Georgia con EEUU
El balance en las relaciones entre
Rusia y Georgia se ha alterado desde la firma de
acuerdos entre Georgia y EEUU, en vistas al
eventual ingreso de la República caucásica a la
Organización del Tratado del Atlántico Norte
(OTAN). Las negociaciones comenzaron el 18 de
noviembre de 1999 en la Cumbre de la OSCE en
Estambul y en relación a ello, Shevarnadze
afirmó que Georgia "podría ingresar a la
OTAN en el año 2005". Esto produjo una ola
de críticas en los medios de prensa rusos.
El 30 de abril de 2002, EEUU puso
en práctica el programa Train and
Equip en relación a Georgia. El mismo
consistiría en la provisión de asistencia
militar para la creación de cuatro batallones
anti-terroristas, compuestos por un total de
2.000 efectivos, para actuar en el área de
Pankisi. En la práctica, el programa encontró
diversas dificultades en su camino, como por
ejemplo la falta de reclutas dispuestos a
participar. Para el 10 de julio del mismo año,
solo habían logrado reunir a 98 efectivos.
El Parlamento georgiano ratificó
el 21 de marzo de 2003 un acuerdo de cooperación
en el área de Defensa, en el cual se le otorgan
a oficiales estadounidenses prerrogativas y
privilegios sin precedentes en el territorio
georgiano. Como ejemplo de ello, aparece el
derecho de entrar a Georgia sin visa. Esto fue
tomado en Moscú como una clara provocación,
dado el sistema de visado que rige entre ambos
países en la actualidad y la situación de las
tropas rusas a las que comenzó a exigírsele
este requisito. Además, los oficiales americanos
pueden circular armados y gozan de inmunidad
diplomática. Los aviones y vehículos de EEUU
podrán atravesar el territorio y el espacio
aéreo georgiano sin ningún tipo de inspección.
El controversial acuerdo había
sido firmado el 10 de diciembre de 2002, en el
comienzo de la crisis de Irak. Washington
agradeció este apoyo a Georgia, incluyéndola en
la "coalición" que participaría en la
intervención en Irak. Tbilisi queda a solo 940
km de Baghdad y a 450 km de la frontera iraquí.
Georgia había contribuido previamente con EEUU,
tanto en Kosovo como en Afganistán.
A comienzos del año 2004, el
Programa Train and Equip en el cual
Washington invirtió 64 millones de dólares, se
dio por concluido. Sin embargo, en diciembre del
mismo año, Georgia se convirtió en el primer
país del Cáucaso en firmar un IPAP (Individual
Partnership Action Plan) con la OTAN.
En marzo de 2006, Tbilisi
nuevamente anunció sus anhelos de lograr su
incorporación a la OTAN, esta vez para el año
2008. Un equipo evaluador viajó a Georgia el 9
de marzo para analizar las condiciones del país.
Si los resultados son positivos, Georgia podrá
embarcarse en el MAP (Membership Action Plan), un
paso más cerca de la membresía.
A nivel económico, Georgia ha
recibido un gran apoyo por parte de EEUU. El 20
de octubre de 2005, el Parlamento georgiano ha
ratificado una ayuda económica (295 millones de
USD en 5 años), calificada como una victoria de
política exterior. Esto se encuentra relacionado
a la Millenium Challenge Account (MCA), que
otorga dinero a países que han realizado avances
democráticos. Sus prioridades son desarrollar
infraestructura regional e iniciativas del sector
privado. El dinero será administrado por una
corporación gubernamental, Millenium Challenge
Georgia, cuyas oficinas estarán en la región de
Javakhetia. En esta región se localizarán
varias obras de infraestructura, como la
reparación de la ruta que comunica al país con
Armenia y Turquía. Otros 49 millones se
utilizarán en la renovación del principal
gasoducto georgiano.
La aparición de EEUU en Georgia
sin dudas a alterado la antes indiscutible
primacía de Rusia en la región. Sin embargo, el
rol de Rusia continúa siendo primordial para
Georgia, dado que su estabilidad hoy en día,
depende más del accionar de su vecino del norte,
que de la ayuda que pueda recibir de EEUU. Para
tener una visión más clara de ello, basta con
repasar algunas de las medidas de Rusia para con
Georgia en el sector energético, como veremos a
continuación.
Rusia, Georgia y la cuestión energética
A pesar de estar rodeada de
países ricos en hidrocarburos, Georgia no ha
sido bendecida con la posesión ningún tipo de
recurso energético que le pueda garantizar
autonomía en este aspecto. Resulta entonces,
altamente dependiente de la provisión tanto de
petróleo y gas, como de energía eléctrica
rusa.
En un intento por reducir su
altísima dependencia, Tbilisi cedió la
administración de la energía eléctrica que
poseía la compañía estatal GRES a la americana
AES -TELASI Silk Road en diciembre de 1998. AES
invirtió en el país más de 260 millones de
dólares. A pesar de las grandes expectativas, la
población georgiana se vio fuertemente
desilusionada por los continuos cortes de
energía. El 6 de agosto de 2003, la compañía
americana vendió sus acciones a una empresa
rusa, UES (en total representan el 75% de las
acciones totales, ya que el 25% restante le
corresponde al Estado georgiano), despertando el
debate acerca del futuro energético de Georgia y
del creciente rol de Rusia en la economía del
país.
En cuanto a la provisión de gas,
el monopolio del gigante ruso Gazprom es
indudable. Luego de haber sido administrado por
diversas empresas con componente estatal
georgiano, el servicio de provisión de gas fue
trasladado a manos de Gazprom mediante un tratado
firmado el 21 de julio de 2003. A pesar de que
Georgia pretende que esta dependencia del gas
ruso sea provisoria, hasta que los campos
azeríes de Shah Deniz en el Mar Caspio estén
listos para exportar gas, lo cierto es que Rusia
ha utilizado esta situación en ventaja propia, a
la hora de usar la provisión de este vital
recurso como herramienta para extorsionar al
gobierno georgiano.
Para ilustrar lo afirmado, basta
con repasar los hechos del 22 de enero de 2006,
cuando se produjo la explosión de los dos
gasoductos que llevan gas a Georgia y Armenia en
un sector montañoso, 30 Km. al sur de
Vladikavkaz (Ossetia del Norte). Saakashvili lo
calificó como un acto de vandalismo y dijo que
las explosiones fueron un intento de forzar a
Georgia a entregar el control de su gasoducto e
infraestructura a los rusos (Gazprom intentó
comprar el gasoducto georgiano, a lo que
Saakashvili se negó. A cambio de esta negativa,
Georgia debió aceptar una duplicación del
precio del gas, 110 dólares por m3). Gazprom
llamó a las partes a no politizar el asunto y
prometió solucionar los problemas a la brevedad.
A pesar de ello, recién el día 2 de febrero se
normalizó por completo la provisión de gas.
Autor del artículo: María Sol
Peirotti
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