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Antecedentes históricos de Rusia en el Cáucaso


Autor del artículo: María Sol Peirotti

Para comenzar a comprender los intereses de Rusia en la región caucásica, es preciso analizar su entorno. La gran significación geoestratégica y económica se refiere, por un lado, a un enclave inapreciable para acceder al Asia Central. Por otra parte, la región se ubica en las cercanías del Golfo Pérsico y la cuenca del Mar Caspio, que albergan una abundante riqueza en petróleo y gas natural.

Se trata de una zona sumamente compleja. En un espacio geográfico reducido, de poco más de 300.000 km2, se encuentran tres Estados independientes (Armenia, Azerbaiján y Georgia) y siete repúblicas autónomas rusas (Adigueya, Chechenia, Daguestán, Kabardino – Balkaria, Karachevo Cherkessia, Ingushetia y Ossetia del Norte). Convive una gran diversidad étnica (casi treinta grupos étnicos distintos) y religiosa (musulmanes chiítas, sunnitas, judíos, cristianos ortodoxos y monofisitas). Existen varias disputas fronterizas y de diversa índole, basta con mencionar los casos de Abkhazia, Chechenia, Daguestán, Ossetia del Norte e Ingushetia, Ossetia del Sur y Nagorno Karabakh .

Pero, ¿cuál es el origen de tanta conflictividad? Para responder esta pregunta es preciso remontarnos unos siglos atrás en la historia:

Aproximadamente hacia el siglo VII el Islam se hizo presente en el Cáucaso más oriental. Luego, durante el siglo XIII y al amparo de la horda de oro, los mongoles pasaron a controlar el territorio ruso. El dominio mongol fue derrotado gracias a Timur y Tamerlán, que ocuparon el Cáucaso en los siglos XVI y XV, donde cobró un nuevo impulso la penetración islámica .

Los cosacos emprendieron la conquista de las estepas nórdicas desde el siglo XVI, abriendo paso a la incorporación de la región norcaucásica en el siglo XVIII dentro del Imperio Ruso por parte de Pedro el Grande en 1722, pero se necesitó un siglo y medio para consolidar el dominio . La resistencia fue encabezada entre 1785 y 1791 por el Sheik Mansur Ushurma, de procedencia chechena. La expansión rusa en el Cáucaso encontró siempre la resistencia más organizada en Chechenia y Daguestán. Entre 1824 y 1859 el Imán Shamil dirigió a los musulmanes del Norte del Cáucaso en una “yihad” contra los rusos ; usando el Islam para convertir tribus de montañeses daguestaníes y chechenas en una formidable fuerza de combate. Su ambición, frustrada por el superior poder ruso, era la de formar un Estado islámico teocrático. En 1864 y al cabo de 80 años culminaba la guerra caucasiana. El Imperio zarista impuso condiciones de vida inexorables para la población local.

La anhelada Revolución Bolchevique de 1917 despertó en el Cáucaso esperanzas de que se producirían cambios. En mayo de 1918 se intentó crear un Estado independiente o República Socialista (la República Transcaucásica) en la zona oriental del Cáucaso, que intentaría declarar su independencia. Pero en septiembre de 1919 se constituyó el Emirato del Cáucaso Septentrional en el que participaban daguestaníes, chechenos, ossetios y kabardinos. Dos años después este Emirato fue disuelto por los bolcheviques bajo promesas de cierto grado de autonomía que, desde luego, no fueron satisfechas.

El 20 de enero de 1921, el Congreso de los Pueblos Montañeses del Cáucaso se reunió en Vladikavkaz (capital de Ossetia del Norte). Moscú envió a su Comisario del Pueblo para las Nacionalidades, Josef Stalin, para hacerles llegar la propuesta bolchevique: amnistía para los insurrectos, reconocimiento de la soberanía e independencia de los Pueblos Montañeses, proponiéndoles la creación de una única "República Soviética Autónoma de las Montañas" (Gorskaia Sovetskaia Republika) con una amplia autonomía para cada uno de sus componentes: Chechenia, Ingushetia, Ossetia y Kabardino - Balkaria; a cambio los Montañeses reconocerían al gobierno central.

Miembros de la intelligentsia comunista nativa, que habían luchado en la Guerra Civil, asumieron la dirección de la República. Este período, llamado de los padishahs, coincidente con la NEP (Nueva Política Económica), fue el período de mayor paz entre las diversas naciones caucásicas y popularidad del gobierno soviético entre los Montañeses. Sin embargo, la soberanía de esta República duró poco, ya que en 1922 se optó por su fragmentación y posterior incorporación a las estructuras territoriales de la Federación Rusa.

Por su parte, la región al sur de las montañas de esta República se convirtió en el Oblast Autónomo de Ossetia del Sur, dentro de la República Socialista Soviética de Georgia. Con respecto a Abkhazia, este territorio tuvo una breve existencia como República Socialista Soviética de Abkhazia, separada de la República Socialista Soviética de Georgia hasta 1931, cuando Stalin disuelve unilateralmente la Republica de Abkhazia como República Socialista Soviética, subordinando su status como parte integrante de Georgia, con la modalidad de República Autónoma .

Se fue liquidando la República Soviética Montañesa con la creación de seis regiones autónomas de la República Rusa: Karachevo - Cherkessia (12 de enero de 1922), Kabardino-Balkaria (16 de enero de 1922), Adigueya (27de julio de 1922), Chechenia (20 de noviembre de1922), Ingushetia (7 de julio de 1924), y Ossetia del Norte (7 de julio de 1924). Ocho años después, una nueva Constitución unificaría a estas dos últimas en una República Socialista Soviética Autónoma (en adelante RSSA) de Chechenia – Ingushetia.

En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército alemán llegó hasta el Cáucaso y, según sostienen algunas versiones, prometieron reconocer la soberanía de los pueblos que colaborasen con ellos. Una vez derrotado el ejército alemán, las autoridades soviéticas, con el propósito de castigar a un pueblo tradicionalmente díscolo y acusado de “traición”, en 1944 se abolió la RSSA de Chechenia – Ingushetia y se deportó al Asia Central a unas 400.000 personas (100.000 de las cuales murieron en el camino). El territorio de esta ex RSSA fue repartido entre las Repúblicas limítrofes. El territorio se convirtió, según el autor Sebastian Smith, en una “bomba étnica de tiempo” . La ingeniería étnica estaliniana se subordinaba a un objetivo: rebajar al mínimo posible el peso de las diferentes identidades nacionales .

El retorno de los deportados comenzó recién hacia 1957, con la autorización de Kruschev. La RSSA de Chechenia – Ingushetia fue restablecida ese mismo año, con un territorio ampliado hacia el norte, pero mutilado hacia el sudoeste, ya que la región de Prigorodni, antes en Ingushetia, fue otorgada a Ossetia del Norte. Las seis RSSA del Cáucaso Septentrional, tenían formalmente menos atribuciones que las Repúblicas Federadas (Georgia, Armenia y Azerbaiján). Todas estas unidades político – administrativas carecían de potestades propias en un modelo marcado por una extrema centralización . La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (en adelante URSS) realizó durante todo este período una intensa penetración ideológica, dejando un muy pequeño margen para la autonomía cultural, étnica o religiosa. Cualquier oposición al régimen era completamente ilegal.

En los años de Brezhnev (1964 – 1982) se consolidaron en algunas de estas Repúblicas, instituciones propias que, aunque carentes de verdadero poder real, sirvieron luego de sustento para el asentamiento de un discurso nacional singularizado. Al amparo de estas instituciones, la URSS dejó de ser una cárcel de naciones para convertirse en el hogar caliente del nacionalismo .

En coincidencia con el gobierno de Gorbachov, y sus políticas de Perestroika y Glasnost (apertura gradual, democratización, transparencia y reformas económicas) fue posible que los pueblos comenzaran a reclamar su independencia. Poco a poco se desencadenaron numerosos conflictos internos, en virtud de estos reclamos de autonomía con bases nacionalistas a fines de los años 80’, dando como resultado final el colapso de la URSS a comienzos de la década de 1990. Tanto Georgia como Armenia y Azerbaiján adquirieron la condición de Estado Independiente. Las Repúblicas Autónomas del Norte del Cáucaso, sin embargo, conservaron su carácter subordinado a la Federación Rusa en virtud del Tratado de la Federación Rusa, en algunos casos bastante resistido (en 1990, Chechenia – Ingushetia fue una de las Repúblicas Autónomas del Cáucaso Septentrional que se declararon soberanas y reivindicaron una condición semejante a la que disfrutaban Armenia, Georgia o Azerbaiján).

Autor del artículo: María Sol Peirotti

 
 
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