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La política exterior rusa desde la caída de la URSS hasta la presidencia de Vladimir Putin


Autor del artículo: María Sol Peirotti

En verdad, ¿qué es lo que ha sostenido fundamentalmente al Estado Ruso? Exclusivamente el Ejército. ¿Quién creo el Imperio Ruso, transformando el zarismo semiasiático moscovita en al mayor, más influyente y más dominante potencia europea? Sólo el poder de la bayoneta. El mundo no se inclinó ante nuestra cultura, ni ante nuestra iglesia burocratizada, ni ante nuestra riqueza y prosperidad. Se inclinó ante nuestra fuerza.
Sergei Witte, Primer Ministro de Rusia, 1903 – 1906.


Transición de la URSS a la Federación Rusa

Los últimos meses de 1991 fueron un momento singular en la URSS. Tras el fallido golpe de Estado de agosto, se agravó el enfrentamiento entre la Federación Rusa (presidida por Boris Yeltsin) y el gobierno soviético dirigido por Mikhail Gorbachov. Yeltsin fue el encargado de destruir todo resabio soviético (comenzó desde 1991 con la abolición de la URSS, del Partido Comunista y de la KGB), aplicó una “terapia de shock” para la reestructuración económica y eliminó el Soviet Supremo en 1993.

Tras el colapso de la URSS, Rusia quedó sin una concepción clara de sus intereses nacionales, por lo que se vio forzada a crear una nueva política exterior. Mantuvo muchos elementos de la nomenklatura y su deseo de seguir siendo una gran potencia (no hubo un gran “corte” con el pasado) . Hasta 1993, la política exterior rusa se desenvolvió en el marco del “Nuevo Pensamiento Político” ideado por Mikhail Gorbachov y su entonces Ministro de Asunto Exteriores, Eduard Shevarnadze, entre 1987 y 1990. Con la llegada de lo que el presidente George Bush llamó “el nuevo orden mundial”, Yeltsin decidió suscribirse a los ideales democráticos y de los derechos humanos, no sólo para acortar la brecha existente con Occidente, sino también para insertar a Rusia en el “mundo civilizado” .

Andrei Kozyrev, el Ministro de Asuntos Exteriores de Boris Yeltsin durante sus primeros años de gobierno, hablaba de una “sociedad estratégica con Occidente”, con una economía de mercado y un sistema político democrático. A pesar de que los líderes occidentales adulaban a Rusia como si continuase siendo una gran potencia, en los hechos no la trataban así. La asistencia prometida desde Occidente nunca llegaba. Las dificultades internas eran el colapso económico, el desorden social y la confusión política. La política exterior de Kozyrev comenzó a perder popularidad a nivel doméstico, junto con la fascinación por Occidente . Comenzó a sentirse entre la población rusa y las elites políticas una gran desilusión y un fuerte sentimiento anti americano.

El idilio con Occidente comenzó a desmoronarse tras una serie de sucesos como la independencia de la República del Transdniester en Moldavia, las restricciones impuestas a los ciudadanos rusos en Estonia y Letonia, el voto ruso en el Consejo de Seguridad que imponía sanciones económicas a Serbia y las guerras civiles en Tayikistán y Georgia, hechos que ponían en manifiesto la fragilidad del “nuevo orden mundial”. Comenzó un nuevo debate en las elites del poder rusas, los “internacionalistas” (presentes en su mayoría en el Ministerio de Asuntos Exteriores, liderados por Kozyrev) y los llamados “neopatriotas” o derzhavniks (del término ruso “derzhava”, que significa gran Estado), estos últimos comandados por el Consejero de Estado, Sergei Stankevich .

El debate entre internacionalistas y derzhavniks


Los derzhavniks insistían en una activa defensa de los intereses vitales para Rusia en el “extranjero próximo”, tales como el retorno de los armamentos nucleares soviéticos a Rusia, el arreglo de disputas fronterizas y la defensa de la diáspora rusa presente en la ex URSS. Inclusive sostenían como elemento válido el uso de la fuerza en las relaciones internacionales y rechazaban de plano el apoyo incondicional a EEUU, ya que implicaba “dejar de ser una gran potencia”.

Los internacionalistas buscaban una política más conciliatoria, no intervencionista y hasta aislacionista para con el “extranjero próximo” y un apoyo a mantener cierta afinidad con EEUU en los asuntos internacionales.

Sorpresivamente, el consenso en este debate surgió rápidamente, ya que ambas posturas contribuyeron a elaborar una posición común. Para la segunda mitad de 1993, Kozyrev abandonó la “democratización radical” por un “pragmatismo post – imperial”, que tenía en cuenta los intereses nacionales de Rusia, su status como superpotencia nuclear y sus responsabilidades regionales, atemperando la corriente que pretendía restaurar una suerte de imperialismo. En la retórica rusa comenzaron a sustituirse las referencias a la “misión” de Rusia, por invocaciones al “interés nacional” ruso .

El Consenso 93

Lo que luego se dio en llamar el “Consenso – 93”, fue un memorándum elaborado por el Ministro de Asuntos Exteriores Andrei Kozyrev en enero de 1993 (Kontzeptzia vneshnei politiki Rossikoy Federatzii). En el documento se menciona que la tradición nacional de dominación y seguridad nacional y las prioridades de política exterior por encima del desarrollo económico, social y político doméstico han cambiado. A continuación, para el Kremlin, el progreso económico y la estabilización democrática emergían como los objetivos clave a los cuales se subordinaría la actividad externa del país. Se dejaban de lado los componentes “mesiánicos” (la “Tercera Roma”, el “paneslavismo”, el “socialismo internacional”), que durante siglos habían guiado la política exterior rusa .

Una nueva política exterior

El énfasis era inequívocamente doméstico. De los nueve intereses vitales identificados en el documento del Consenso 93, sólo dos se referían al mundo externo a las fronteras de la ex URSS:

- proteger los derechos de la diáspora rusa y
- asegurar una defensa confiable ante cualquier forma de amenaza externa a través del mantenimiento de una suficiente capacidad militar y también mediante la existencia de un sistema estable de relaciones internacionales.

Otros dos se referían a las relaciones con la ex URSS:

- estrechar los lazos con estas Repúblicas y
- proteger a la población rusoparlante presente en ellas.

El resto de los intereses vitales se referían a asegurar la integridad territorial, mantener la estabilidad y fortalecer el orden constitucional, superar las crisis domésticas a través de reformas políticas y socioeconómicas, asegurar un progreso estable y una mejor calidad de vida. El espacio post – soviético fue declarado como el área más importante para la política exterior y de seguridad rusa . Esta área fue definida por Kozyrev como un “espacio geopolítico sui generis, al cual nadie más que Rusia podría pacificar”.

Reformas de Primakov

En enero de 1996, Kozyrev fue reemplazado por Yevgeny Primakov. Sus credenciales soviéticas eran útiles para aplacar a los comunistas y nacionalistas, además del hecho de que intentaba no aislar a nadie. No cambió la política exterior de un modo drástico, aunque logró una síntesis entre un antiamericanismo extremo y un enfoque pro Occidental idealista. La doctrina de política exterior que emergió con él mencionaba que Rusia era:

- una SUPERPOTENCIA REGIONAL: Definida el área de la CEI como prioritaria para Rusia, fue gradualmente desapareciendo la división tajante entre internacionalistas y derzhavniks, convirtiéndose casi todos los integrantes de las elites políticas en derzhavniks. Rusia posee intereses vitales en su “extranjero próximo” y para preservarlos recurrirá a todos los medios que sean necesarios, incluyendo la fuerza. Mencionando algunos de los intereses vitales de Rusia en la región, vemos:

- evitar que otros Estados “dominen” el territorio de la ex URSS,
- asegurar un acceso irrestricto a los recursos estratégicos,
- prevenir enfrentamientos locales y conflictos a gran escala en la CEI,
- asegurar el respeto de los ciudadanos rusos en los países de la región. Politización de la diáspora rusa en la CEI (25 millones de rusos).

Se trataba de evitar el deterioro de la posición geoestratégica de Rusia en el espacio post- soviético. Las vías para mejorar esta posición eran variadas, desde el recurso defensivo (contra las hostilidades, como por ejemplo de los fundamentalistas islámicos), la intervención a favor de facciones secesionistas (en el caso de Georgia, con Abkhazia y Ossetia del Sur) además de la labor de mantenimiento de paz e inclusive el boicot económico. Lo importante era mantener el predominio ruso, explotando las debilidades de los nuevos Estados, con gran intervención y desestabilización de los mismos.

- una GRAN POTENCIA MUNDIAL, en condiciones de establecer una asociación en términos de igualdad y beneficios mutuos con Occidente, no de subordinación. Inició una etapa de apartamiento de EEUU en algunos asuntos de política exterior como Irak, Bosnia y Kosovo, el conflicto árabe – israelí, Irán y Cuba. Sin embargo siempre buscaba un equilibrio para no llegar a la confrontación directa, teniendo en cuenta la dependencia rusa de financiación extranjera. Rusia buscaba su inserción internacional en un mundo “multipolar”.

- y una SUPERPOTENCIA NUCLEAR; y como signo inequívoco de ello, podemos señalar que en mayo de 1997, el Secretario del Consejo de Seguridad, Ivan Rybkin, anunció la modificación de la doctrina nuclear rusa, incorporando el concepto del “primer uso”, es decir, la posibilidad de utilizar armas nucleares en respuesta a un ataque convencional.

Primakov tomaba como ejemplo a Aleksandr Gorchakov, el Ministro de Asuntos Exteriores del Zar Aleksandr II, quien, tras la derrota en Crimea en 1856, optó por una modesta pero vigorosa política exterior centrada en la recuperación de Rusia y la prioridad del desarrollo interno.

Sus dos objetivos principales eran: consolidar la presencia de Moscú en la ex URSS y adaptar la política exterior a los intereses económicos. Primakov decía que “la soberanía de las Repúblicas de la CEI no debe ser puesta en duda”, aunque esto no significa que Rusia no desee tener un rol central en esta región, su “área de influencia” .

El liderazgo de Yeltsin era bastante discutible en un contexto de debilidad institucional, económica y militar. Cada vez con mayor intensidad, la elite económica se manifestó por el internacionalismo y la occidentalización. Rusia comenzó a buscar su accesión a la Organización Mundial de Comercio (OMC). En el camino, se encontró con algunos reveses, como la ampliación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (en adelante OTAN), que, como premio consuelo para Rusia devino en la firma de la Russia – NATO Founding Act. El Primer Ministro Chernomyrdin dijo que “la expansión de la OTAN hacia el Este será muy bien compensada por la expansión de gazprom hacia el Oeste” .

La sucesión del Primer Ministro

Rusia fue sacudida por una nueva ola de inestabilidad política, ilustrada con la secuencia de cambios de gabinete entre marzo de 1998 y agosto de 1999. El 23 de marzo el Primer Ministro Viktor Chernomyrdin, que había ocupado el cargo durante cuatro años (desde 1994), fue abruptamente reemplazado por Sergei Kiriyenko, un reformista de 35 años. Debido a la crisis económica desatada por la devaluación del rublo, Kiriyenko fue destituido el 23 de agosto por Boris Yeltsin, quien intentó nombrar nuevamente a Chernomyrdin, pero el parlamento se lo impidió, rechazando dos veces su designación. Como consecuencia, el 10 de septiembre Yeltsin nombró primer ministro a Yevgeny Primakov, hasta entonces Ministro de Asuntos Exteriores.

El 12 de mayo de 1999 Yeltsin separó de su cargo a Primakov, nombrando en su lugar al hasta entonces Ministro del Interior Sergei Stepashin. Supuestamente, Primakov fue depuesto por su lentitud en el proceso de implantar reformas de mercado. Y el 9 de agosto, Stepashin fue despedido sin que se explicitaran los motivos, nombrándose en su lugar a Vladimir Putin, entonces Jefe del Servicio Federal de Seguridad (FSB), la agencia sucesora de la KGB . A partir del 31 de diciembre de 1999, Putin asume como presidente interino y, finalmente, como presidente electo a partir del 26 de marzo del 2000.

La política de Yeltsin en relación a la región del Cáucaso

La política exterior de Yeltsin se vio muy afectada por los sucesos acaecidos en la periferia de Rusia. La independencia de algunos Estados provocó malestar al sur del país, en especial en el Cáucaso y Asia Central. El reconocimiento de eventuales independencias debía reservarse a las quince Repúblicas Federadas Soviéticas de forma tal que quedasen excluidos ciertos territorios que, como Chechenia – Ingushetia, tenían un rango político inferior.

Rusia y sus repúblicas caucásicas: Yeltsin mostraba escaso respeto por las potestades de repúblicas y regiones. A partir de 1991 se vio una voluntad de control por parte del centro moscovita. La fiebre en la era de Yeltsin de conseguir “tantas rebanadas de soberanía como pueda uno digerir” se produjo en gran medida no por la disposición a la secesión de las regiones, sino por el caos post-soviético en Moscú . Yeltsin nombró a representantes presidenciales (en las diferentes estructuras territoriales) encargados de garantizar la compatibilidad entre la legislación local y la estatal. Les otorgó la potestad de destituir a funcionarios que mostrasen oposición al presidente. Se procedió además a designar a jefes de administración llamados a actuar como auténticos gobernadores regionales. El objetivo era controlar y descabezar oposiciones. La Constitución era muy ambigua en la delimitación de las atribuciones respectivas del centro y de los poderes republicanos y regionales.

Por otro lado, Yeltsin garantizó que las Repúblicas conservarían potestades claramente superiores a las de las regiones. En algunos casos como el de Tatarstán, la Federación Rusa accedió a negociar controversiales acuerdos en el marco de un “federalismo asimétrico" . En casos como este, las autoridades republicanas asumían derechos y facultades formalmente negados por la Constitución Federal. Sin embargo, con otras se Repúblicas se mantenía una total intransigencia a la hora de negociar. Tal era el caso checheno. La política nacional rusa apuntaba de forma cada vez más clara a una centralización, diferenciándose poco de sus antecedentes soviéticos.

Hacia diciembre de 1994, en vísperas de la primera intervención en Chechenia, las características del entorno ruso se visualizaban de la siguiente manera:

1) Comenzaba a adquirir cada vez más importancia el discurso imperial, de devolverle a Rusia su antiguo esplendor.

2) El recurso a un procedimiento que consistía en buscar enemigos externos con el fin de que la población olvidara sus cotidianos y reales problemas económicos y sociales. En palabras de Mairbek Vachagayev “si los combates cesasen, ¿de qué se hablaría en Rusia? Del paro, de la pobreza, del sida, de los oligarcas que desafían al Kremlin… Las guerras de Chechenia desvían la atención de la opinión pública rusa” .

3) Yeltsin intentaba reforzar en el Cáucaso una frontera sustentada en una alianza con tres territorios cristianos: Armenia, Georgia y las dos Ossetias.

4) Era preciso prevenir una potencial difusión del ejemplo checheno a todo el Cáucaso Norte y dejar en claro a qué debía enfrentarse quien decidiese imitar el ejemplo checheno. Yeltsin confiaba en un rápido éxito militar y una cómoda victoria política en unas nuevas elecciones presidenciales. A ello se sumaron las promesas del Ministro de Defensa Pavel Grachev de que el conflicto sería solamente una expedición “punitiva”. Sin embargo, también hay que tener en cuenta que durante los tres primeros años del proceso de independencia checheno, ningún agente de la Federación Rusa optó por seguir un camino semejante.

Desde 1994, con una derrota en Chechenia y la emergencia de un régimen oligárquico y corrupto, Rusia ingresó en una etapa de entropía, con una sociedad aún paternalista, una economía en ruinas, desindustrializada y sin reformas; una federación descentralizada pero insostenible y una política pluralista pero iliberal . Hacia fines de 1996, el fracaso de la campaña contra Chechenia debilitó los impulsos “agresivos” de Rusia. Esto se reflejó en marzo de 1997, donde luego de la recuperación de Yeltsin tras una cirugía cardiaca, comenzó a ascender una postura más moderada, para la cual la desmilitarización de los conflictos en el extranjero próximo era crucial. Rusia comenzó a poner fin a todos los enfrentamientos y disputas armadas en Moldavia, Tayikistán, Georgia y Nagorno Karabakh.

Rusia y su “Extranjero Próximo” en el Cáucaso: El rol de Rusia hacia el sur es producto de dos características, según el autor Rajan Menon: proximidad y asimetría. Dada su cercanía, Rusia no puede ignorar el Cáucaso. Como los países ubicados en esta región son débiles, Rusia aprovecha para ejercer una gran influencia en ellos y permanece en esta región casi por un “reflejo” imperialista, además la oportunidad de aprovechar la explotación de los recursos energéticos locales. La Rusia post- soviética se ha comportado de una forma inflexible insistiendo con las bases militares en Georgia a cambio de ayudarla a recuperar el control de su propio territorio, o contribuyendo en Azerbaiján a destituir a dirigentes que no gozaban de la aprobación de Moscú. Sin embargo, aunque discutiblemente, podemos decir que Rusia también ha tenido un rol pacificador en el Cáucaso, a la hora de detener enfrentamientos que, de otro modo, hubieran continuado. Sin embargo, Rusia ya no busca gobernar directamente los países de la región, como lo hizo en el período zarista . El analista Peter Toft, sostiene que las estrategias de Rusia en la región del Cáucaso han sido desde siempre el SOBORNO, el DIVIDIR Y REINAR y la COOPERACIÓN ECONÓMICA .

Autor del artículo: María Sol Peirotti

 
 
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