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Vladimir Putin y los países del Cáucaso


Autor del artículo: María Sol Peirotti



Tengo un particular recelo y desconfianza por el hombre ruso que se hace con el poder: Quien ha sido esclavo hasta hace bien poco se convierte en un déspota desenfrenado en el momento en que se le abre la posibilidad de ser el patrón de su vecino.
Maxim Gorki.



Una de las mayores prioridades de la política exterior rusa son las antiguas repúblicas ex soviéticas del Cáucaso y la zona del Mar Caspio. En este aspecto es posible observar una primera diferencia de la política exterior de Putin con la de Boris Yeltsin hacia el llamado “extranjero próximo”. La innovación consiste en que la política de Putin hacia los países de la región se ha vuelto más activa, con el objeto de determinar cuáles son los países con los que cuenta Rusia y con cuáles no.

En abril de 1999, un grupo de países formado por Georgia, Ucrania, Uzbekistán y Azerbaiján (el llamado Grupo GUUAM) comenzó a encabezar una acción conjunta dentro de la CEI, para contrarrestar el papel hegemónico de Rusia en la organización. Por primera vez esto se manifestó en el marco de una cumbre presidida por el presidente Yeltsin que terminó en fracaso, cuando los presidentes de los países de la CEI no pudieron ponerse de acuerdo acerca de una declaración conjunta dirigida al conflicto de Yugoslavia, en franca confrontación con Rusia.

A diferencia de Yeltsin, Putin no tolera la provocación y falta de cooperación de las ex repúblicas soviéticas. El actual presidente está dispuesto a evitar que los Estados Miembros continúen socavando a la CEI y al predominio de Rusia. Por ello, sus designios con respecto a la cumbre del 24 de enero de 2000 de la CEI, fueron los de consolidar y darle coherencia a la organización. Luego esta cumbre, el 10 de marzo de 2000, Putin dio un anticipo de lo que sería la estrategia de Rusia hacia la CEI.

Bajo la consigna de tomar medidas para combatir el terrorismo en la región, los Ministros del Interior de los Estados Miembros de la CEI mantuvieron una reunión de emergencia en Moscú. Aunque el encuentro produjo pocos resultados concretos, Rusia dejó en claro su nueva estrategia y sus ambiciones de poder en la CEI. Allí, Putin recalcó en la persistencia del terrorismo especialmente en Asia Central y el Cáucaso. Como muestra de lo que comenzaría a manifestarse en los hechos, aparecían los discursos de septiembre de 1999, en los que Putin por primera vez empleó términos como “antiterrorismo” para legitimar el accionar en Daguestán.

A su vez, en el marco de las instituciones de la CEI, los Ministros de Defensa junto con Putin, comenzaron a discutir los posibles esfuerzos conjuntos, resultando en la formación de un Centro Antiterrorista, encabezado y financiado por Rusia, que tendría un programa que permitiría a las unidades del FSB ruso vigilar en los países de la CEI “cuando sea necesario”.

El temor hacia una eventual acción fundamentalista islámica ha logrado cohesionar a la CEI. En esas circunstancias se ha enunciado la llamada “Doctrina Ivanov” (en honor a su autor, el Ministro de Asuntos Exteriores Igor Ivanov) que sostiene el uso preventivo de la fuerza militar ante amenazas terroristas.

Asimismo, la política de Putin hacia los Estados de la CEI no se limita solamente al “hard power”. Al nivel de “soft power”, Rusia funciona como una suerte de imán económico para los países de la CEI y a cambio les demanda una cierta “lealtad política”. Esta lealtad se expresaría en términos de la participación en las estructuras de seguridad creadas por Moscú y la eliminación de la influencia de cualquier Estado ajeno a esta Comunidad (EEUU, UE, Turquía o Irán). Para los países de la CEI, soberanía e independencia significan más que nada independencia de Rusia y muchos consideran a la CEI como un “mal necesario”, dada su alta dependencia para con Rusia en el ámbito económico.

Particularizando en los tres Estados independientes ubicados en el Cáucaso, verificamos la existencia de un tradicional aliado de Rusia, Armenia; y de dos Estados “rebeldes”, pero que, a su vez, moderan esta rebeldía porque también dependen de Rusia. Ellos son Georgia y Azerbaiján.

Armenia se ha valido de la CEI como una forma de obtener asistencia militar rusa. A pesar de su ferviente deseo de consolidar su independencia, aún depende intensamente del apoyo militar ruso contra Azerbaiján en el conflicto de Nagorno-Karabakh. Sólo en Armenia se mantiene una estructura política e institucional relativamente estable. A pesar de los estrechos vínculos con Rusia, este país tiene fuertes lazos con EEUU, como se detallará más adelante, ya que es uno de los pocos países beneficiarios de la Millenium Challenge Account.

Los dos Estados más “obstinados” del Cáucaso, Azerbaiján y Georgia no sólo son jugadores geoestratégicos importantes sino también, en palabras de Brzezinski, “pivotes geopolíticos” y sus propias situaciones internas tienen una importancia crucial para el destino de la región . Su importancia radica en la posesión de hidrocarburos en el caso de Azerbaiján y de una posición estratégica (como puente entre Rusia y el mundo islámico y como ruta de oleoductos y gasoductos hacia Occidente) en el caso de Georgia. Como mencionamos anteriormente, ambos pertenecen al Grupo GUUAM, que intenta contrapesar la influencia rusa en la CEI. En este ámbito, los dos decidieron salir del Pacto de Seguridad Colectiva de la CEI. Además han intentado por varios medios aliarse a Occidente y a Turquía (como otra vía de acceso a Occidente en caso de que se convierta en miembro de la UE). Han sostenido numerosas reuniones desde el año 2000 con Turquía, donde los temas van desde los conductos petroleros (como el Bakú- Ceyhan o BTC, cuya ruta evade el territorio ruso y llega al puerto turco de Ceyhan sirviendo como símbolo de “independencia” de estas naciones) hasta el propuesto Pacto para la Estabilidad del Cáucaso.

Sin embargo, no todo es indocilidad, ya que Azerbaiján y Georgia (cuyas fronteras colindan con Daguestán y Chechenia, respectivamente) han admitido estar alarmados con la posibilidad de que el Islam radical se disemine en su propio territorio y han accedido a incrementar la cooperación militar, tecnológica y política con Rusia . Además, ambos Estados han sufrido diversos golpes de estado y los nuevos grupos dominantes mantienen regímenes políticos con una estabilidad altamente cuestionable.

Azerbaiján en particular, es para Rusia una meta de alta prioridad. Su sumisión sería altamente útil para aislar a Asia Central de Occidente y en especial de Turquía. Sin embargo, la estrategia rusa contradice las pretensiones de las élites políticas locales, que no estarán dispuestas a ceder fácilmente los poderes y prerrogativas que han obtenido junto con la independencia. Es muy evidente que Rusia se empeña en combinar una variedad de palos y zanahorias que van desde ofertas de ayuda militar a interrupciones en el suministro de gas. Moscú ha intentado alejar a este país de EEUU y de Turquía. Azerbaiján ha rechazado las peticiones rusas para establecer bases militares en su territorio y también ha rechazado las demandas rusas para que construir un único oleoducto dirigido al puerto ruso del Mar Negro (Novorosiisk), optando en lugar de ello por construir el BTC.

Georgia, representa un desafío en el Cáucaso. Rusia ha adoptado una campaña diseñada para sabotear su rol emergente, fomentando las tendencias separatistas dentro de las regiones autónomas de Georgia, como Ossetia del Sur y Abkhazia, y “intentando sabotear el oleoducto BTC”. En contra de los anhelos georgianos, Putin dejó en claro, que los miembros de la CEI no podrían ingresar a la OTAN, apoyar a los rebeldes chechenos o formar alianzas alternativas entre sí, como la alianza GUUAM. Georgia insiste en ser tratada como una nación independiente, separada de la CEI, por lo cual proclamó ser prooccidental y ya ha empezado a buscar la membresía de la OTAN. Mikhail Saakashvili, quien fuere electo presidente de Georgia durante la “Revolución de las Rosas” en noviembre de 2003, ha comenzado una campaña radical que apunta a integrar a su país en Occidente lo más rápido posible. Con respecto a Georgia predomina mayoritariamente una estrategia de boicot (el caso de la provisión energética rusa) y de “divide y reinarás” (fomento al secesionismo abkhazio y ossetio).

Autor del artículo: María Sol Peirotti

 
 
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