Autor del artículo: María Sol Peirotti
Desde su llegada al poder, Vladimir Putin ha
optado por una política agresiva en el Cáucaso.
Para ello fue altamente favorable que sucesos
como los ocurridos en Daguestán le permitieran
encontrar un justificativo ante la opinión
pública, que lo apoyó ampliamente cuando
anunció que el siguiente paso sería una nueva
aventura en Chechenia, esta vez para terminar con
el terrorismo.
En enero de 2000, Putin señaló que el
activo apoyo de la población a nuestras acciones
en el Cáucaso no sólo se debe a un sentido de
identidad nacional herida, sino también a un
vago sentimiento de que el Estado se ha
debilitado y debería ser fuerte. La
apuesta por un Estado fuerte y centralizado
aparece muy manifiesta como la mejor solución a
los problemas que aquejan a la Federación Rusa.
Sino basta con recordar que en su visita a
Ingushetia tras el accionar terrorista en Nazran,
Putin afirmó que lamentaba que tales hechos se
debieran a la debilidad del Estado,
con lo cual aprovecharía para convencer a la
población de que, ajustar las riendas era
necesario.
Cuando mencionamos las intenciones
centralizadoras de Putin, hacemos referencia a
garantizar al centro federal un control
exhaustivo de todo lo que suceda en su territorio
y recuperar atribuciones que habían sido
delegadas en las repúblicas. Como ejemplos
patentes de esta tendencia, podemos citar algunos
ejemplos:
1) En mayo de 2000 Putin resolvió la creación
de 7 distritos: CENTRO (Moscú), NOROESTE (San
Petersburgo), SUR (Rostov na Donu), VOLGA (Nishni
Novgorod), URAL (Yekaterinburg), SIBERIA
(Novosibirsk) y LEJANO ORIENTE (Jabarovsk) que,
por encima de la autoridad de las repúblicas que
abarcan, cada uno está dirigido por un
representante del Ejecutivo federal. El
propósito evidente es el de mantener bajo un
control exhaustivo a los presidentes de las
repúblicas, facilitando la elección de figuras
afines al régimen y de diputados leales en la
Duma.
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2) En contra de los principios que rigen
cualquier democracia, el presidente ruso
propició la aprobación por ley de una
modificación del sistema electoral de los
diputados del Consejo de la Federación,
incluyendo el derecho que se reserva el Kremlin
de destituir a los presidentes de las repúblicas
autónomas y a disolver sus parlamentos. Con esta
poderosa carta en su poder, Putin se deshizo, del
presidente ingushetio Ruslan Aushev.
3) El 13 de septiembre de 2004 se suprimió la
elección directa de los presidentes de las
repúblicas autónomas. Desde entonces, el
procedimiento de elección será parlamentario,
es decir, el Kremlin propone algunos candidatos y
los legisladores locales se limitan a aprobar a
uno de ellos, asegurando la lealtad al
oficialismo. Resulta curioso remarcar que esta
medida se aprobó pocos días después de la
tragedia de Beslán, maniobra que fue aprovechada
por Putin para convencer a la población de que
esto era necesario para prevenir el terrorismo,
dado que se trata de una tarea que requiere
la movilización de todos los recursos nacionales
para ser llevada a cabo; por lo que la
unidad de acción en una estructura vertical
resulta más favorable. Ninguno de los
presidentes norcaucásicos opuso resistencia.
Todas las Repúblicas incorporaron las
modificaciones a sus Constituciones. Nuevos
Presidentes electos con el sistema nuevo: Mukhu
Aliev (Daguestán), Murat Zyazikov (Ingushetia),
Alu Alkhanov (Chechenia) y Taimuraz Mamsurov
(Ossetia del Norte).
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Autor del artículo: María Sol
Peirotti
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